Datos críticos provocados por el sedentarismo

Según la Organización Mundial de la Salud, al menos el 60% de la población mundial no realiza la actividad física necesaria para obtener beneficios que repercutan en una mejora de la salud.

Este mismo organismo señala a la inactividad física como uno de los principales factores de riesgo de mortalidad a nivel mundial. Ocupa el cuarto puesto por detrás del tabaquismo, hipertensión arterial y exceso de azúcar en sangre, causando el 5,5% de las muertes registradas en todo el mundo.

Según la O.M.S., el sedentarismo ocupa el cuarto puesto de causa de mortalidad en el mundo.

Datos críticos provocados por el sedentarismo

Datos críticos provocados por el sedentarismo

Según datos obtenidos del recomendable manual “Actividad física y deportes. Claves para una vida sana. El complemento ideal para la medicina del siglo XXI”, de los autores D. Javier Miñano Espín y D. Rafael Nogués Martínez, la Sociedad española de Medicina Familiar y Comunitaria en 2.018 afirmó que

“la inactividad física es una causa real que contribuye al menos a 35 condiciones insalubres, incluida la mayoría de las 10 principales causas de muerte en el mundo. Representa un papel independiente como causa directa, acelerando la pérdida de la capacidad cardiovascular, de fuerza y de disminución de la edad para el inicio de la primera enfermedad crónica, que a su vez disminuye la calidad de vida, aumenta los costes de asistencia sanitaria y acelera el riesgo de mortalidad”.

Además, el sedentarismo se asocia a un riesgo cardiovascular equivalente al del sobrepeso. Un nivel bajo de ejercicio físico en personas de peso normal contrarresta el beneficio cardiovascular que supone la ausencia de exceso de peso. La idea tradicional según la cual las personas con peso normal presentan siempre un bajo riesgo cardiovascular no es cierta tal y como lo demuestra un estudio realizado por los investigadores del Departamento de Gestión de Investigación de Servicios de Salud y Política de la Universidad de Florida (Mainous et al., 2.019), así como la catedrática de fisiología de la Universidad Politécnica de Madrid, Marcela González.