Los beneficios del ejercicio físico en las enfermedades reumáticas

El Dr. Pedro Zarco, jefe de la Unidad de Reumatología del Hospital de Alcorcón, señala que los beneficios del ejercicio físico en las enfermedades reumáticas son múltiples: ayuda a mejorar la calidad del hueso, el músculo y las articulaciones; disminuye el dolor y la rigidez; mejora la movilidad articular y la situación funcional; aumenta la fuerza muscular y la masa ósea, así como mejora la forma física.

Los beneficios del ejercicio físico en las enfermedades reumáticas

Los beneficios del ejercicio físico en las enfermedades reumáticas

Está comprobada la eficacia de la actividad física en la salud ósea en todos los grupos de edad. Hay evidencia de que la carga mecánica, determinada por el soporte del peso y también por ejercicios de fuerza, contribuye a optimizar la acumulación de calcio a nivel óseo, a mejorar la arquitectura de los huesos y mantener la integridad del esqueleto.

La actividad física representa una estrategia no farmacológica segura, con efectos positivos en adultos con osteopenia y osteoporosis.

Riesgos de la vida sedentaria

El sedentarismo aumenta el riesgo de padecer dolor lumbar, aumenta el tiempo de duración de ese dolor y el número de recurrencias; sin embargo, la actividad física ha demostrado lo contrario. Las personas sedentarias presentan unos músculos del tronco debilitados y por lo tanto no cumplen adecuadamente la función de sujeción de la columna vertebral existiendo como consecuencia un mayor riesgo de que aparezcan episodios de lumbalgia u otros episodios dolorosos.

Según un miembro del Servicio de Rehabilitación del HCU Lozano Blesa de Zaragoza, así como del Servicio de Cirugía Ortopédica y Traumatología del Hospital Ernest Lluch de Calatayud:

“durante el cuadro de lumbalgia aguda no se aconseja el reposo absoluto prolongado ya que podría provocar atrofia y debilidad en los músculos de la espalda. Cada día de reposo absoluto supone un 2% de pérdida de potencia muscular. Por ello es importante mantener el nivel de actividad que el dolor permita, y si no es posible, el reposo no deberá superar un máximo de 2-3 días (…)”.